Este fue un caso de la vida real. Jorge González tomó la decisión de su vida. En junio de 2004 llegó a un almacén de insumos, pidió un litro de Paration, un insecticida altamente tóxico, se sentó sobre en un bulto de fertilizantes y, ante la mirada atónita de los presentes, lo destapó y bebió su contenido.
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