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No he renunciado

Es inevitable referirme en este espacio a la carta que envié al director del Centro Democrático, filtrada a los medios con intenciones que desconozco, pero adivino, en la cual señalaba algunos indicios y hechos que merecen ser aclarados –y no lo han sido–, sobre el proceso para elegir el candidato presidencial del partido, en el cual mi esposa, María Fernanda Cabal, fue una de las precandidatas.
 
Sea lo primero reiterar que mis reparos son “al proceso”, que no al resultado, aunque este último pueda verse afectado por un proceso cuestionable. Vale decir, entonces, como lo afirmé en la carta de marras, que no desconocemos la condición de Paloma Valencia como candidata del Centro Democrático. Es, simplemente, un hecho cumplido y apoyaremos su aspiración mientras seamos miembros del partido.
 
Eso me lleva a una segunda consideración, o mejor, a una afirmación categórica. No he renunciado al partido y menos aún María Fernanda. Hoy seguimos siendo miembros activos y yo, parte de su Dirección Nacional, mientras no renuncie o sea retirado de ella por las instancias que correspondan.
 
Claramente, en la carta en que hicimos reparos al proceso, firmada por mí, pero a nombre también de María Fernanda, manifestamos nuestra incomodidad –“No queremos continuar… Sentimos que no tenemos espacio” –, pero una cosa es manifestar inconformidad en una organización que se precia de democrática, y otra muy diferente interpretar tal manifestación como una renuncia, cuando lo que presentamos fue una propuesta de escisión que le permita a María Fernanda abrir caminos y conquistar espacios en su propósito de servirle a los colombianos desde el quehacer político, en consonancia con sus convicciones.
 
Ahora bien, al margen de que mi carta haya sido filtrada con oportunidad conveniente y ocultos intereses, no puedo entender que se responda con un escueto comunicado, en la línea de seguir eludiendo las respuestas, y que, además, haya sido entendida como una carta de renuncia, pues nada en ella indicaba que así fuera.
 
Los estatutos contemplan que el militante puede renunciar manifestando por escrito la voluntad expresa de hacerlo, la cual no necesita aceptación y opera con la sola presentación. Así las cosas, aunque el comunicado de la Dirección del partido lamenta mi renuncia y agradece mis servicios, pues yo también agradezco esas palabras, pero la manifestación escrita de mi expresa voluntad de renunciar no existe, porque, sencillamente, no la he presentado.
 
Una cosa más: Hay quienes critican que sea yo el firmante de la carta y de los derechos de petición que la precedieron, y que hable en nombre de María Fernanda. Bueno, es algo que decidimos en esa suerte de propósito familiar que fue la campaña, al que se sumaron muchos entusiasmos que agradezco. Ya hablará ella cuando bajen las aguas. Además, lo hago basado en el derecho que me asiste como miembro del partido y de su Dirección Nacional.
 
¿Qué pienso ahora? Que en medio de tanta gente valiosa con la que he compartido, hay titiriteros visibles que mueven hilos invisibles en el partido para mover sus propias agendas y sacar a codazos a quienes les estorban. Uno de ellos, escondido tras los editoriales de un medio digital, a comienzos de diciembre denostaba del partido y de sus tres precandidatas, y el 15 de diciembre, una vez conocido el resultado, editorializó con tono triunfal: “Sin Cabal, Uribe gana”.
 
¿Qué pensamos hacia delante? Que nuestra identificación con los principios fundantes del Centro Democrático sale incólume de este infortunado episodio; que el partido no debería perder su identificación con “La Derecha” que hoy resurge en el mundo…, y que seguimos esperando una respuesta a nuestras inquietudes y nuestra solicitud.
 
@jflafaurie
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