Con las encuestas… a cuestas

Colombia no escapó a esa tendencia. Eran las épocas en que los grandes líderes políticos fundaron o adoptaron sus propios periódicos para difundir sus idearios. Hasta mediados del siglo pasado, la orientación electoral salía de los directorios políticos y sus periódicos. Eran las épocas en que los liberales votaban con el editorial de El Tiempo o El Espectador bajo el brazo, y de un dicho bogotano que le atribuía la última palabra al periódico conservador de la casa Gómez: “¿Quién lo dijo?; lo dijo el Siglo”.
Pero el mundo cambió hacia “la encuesta” como instrumento de orientación política, a partir del muestreo, la inferencia estadística y el procesamiento de datos. Lo que no cambió fue la tendencia a controlar la orientación política controlando el medio. De hecho, los últimos presidentes han tenido, cada uno, la encuestadora de su preferencia, y hoy cargamos “a cuestas” con la creciente desconfianza en las encuestas.
Así que el título de esta columna no obedece a mi gusto por los juegos de palabras, sino al debate encendido sobre las encuestas, su financiación y manipulación, en medio de un ambiente electoral enrarecido, una ley quizás inoportuna y excesiva –la Corte Constitucional le tumbó dos artículos–, y hasta camorras, como la protagonizada por la magistrada del Pacto Histórico en el CNE, pretendiendo silenciar a la empresa Atlas Intel por unos resultados que no favorecían a su candidato.
Atlas Intel es la encuestadora brasileña que utiliza modelos predictivos y tecnologías que se apartan de lo convencional y, por ello, lleva tres investigaciones “a cuestas”, a pesar de ser la única que acertó con el triunfo de Abelardo en primera vuelta, como también en su tendencia creciente durante el proceso, mientras las nacionales insistían en que solo Paloma Valencia tendría oportunidad contra Cepeda en una segunda vuelta.
Aunque el prestigio de Atlas Intel cuenta con los aciertos del triunfo de Milei en Argentina y Trump en Estados Unidos, entre otros, mi intención no es exaltar a una empresa en demérito de otras, sino llamar la atención sobre nuevas realidades que afectan la validez de las encuestas tradicionales, cuando, hoy por hoy, una batería, bien paga también, por supuesto, de bots e influencers puede mover la opinión en redes en menos tiempo del que tarda la realización y publicación de una encuesta.
“Son las redes sociales, estúpido”, respondería Clinton si hoy le preguntarán dónde medir la opinión política. ¿Para que preguntarles a 2.000 personas y extrapolar el resultado, si millones expresan su opinión todo el tiempo y en tiempo real?
Atlas Intel, que avanza por esa ruta tecnológica de esa nueva realidad, no era muy conocida en el país, hasta que saltó a escena por el bochornoso asunto de la selección del candidato oficial del Centro Democrático, cuando el señor Uribe Londoño, en noviembre de 2025, saboteó el proceso cuestionando la decisión del partido de contratar una encuesta con la empresa brasileña.
Con argumentos espurios e insinuaciones falaces ponía condiciones y exigía transparencia, mientras, por la puerta de atrás, a través de sus “asesores”, intentaba contratar a la encuestadora que atacaba por la puerta de adelante, hasta que la empresa decidió salirse de semejante berenjenal de intrigas, alegando riesgos de reputabilidad. Quedará para la historia –habrá que contarla– que ese procesó terminó mal para el CD, socavó sus principios fundacionales y cercenó su vocación de poder.
@jflafaurie













